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Es un honor para nosotros contar con las palabras de Georgi Timenov, analista geopolítico de Bulgaria, quien en esta entrevista comparte su visión profunda y crítica sobre la compleja situación política, económica y geopolítica que atraviesa su país.

A lo largo del diálogo, Timenov ofrece una lectura estructural de la inestabilidad búlgara, analiza el rol de las élites gobernantes, la influencia de la Unión Europea y la OTAN, y reflexiona sobre los desafíos que enfrenta Bulgaria en un contexto internacional marcado por la transición hacia un orden mundial multipolar.

Su testimonio resulta clave para comprender la realidad búlgara desde una perspectiva interna, soberana y geopolíticamente situada.

Georgi Timenov

¿Por qué en Bulgaria se ha configurado la actual situación de inestabilidad política?

La inestabilidad política en Bulgaria no surgió recientemente ni es algo que pueda corregirse fácilmente. En los últimos años, efectivamente, se ha intensificado y genera cada vez mayor repercusión internacional, pero se trata de una inestabilidad de carácter sistémico. Además, es profundamente geopolítica y es el resultado del deseo de Occidente de confrontar con Rusia.

Durante más de 30 años se han creado en Bulgaria élites completamente subordinadas a las estructuras globalistas occidentales, que actúan de acuerdo con sus necesidades, en detrimento de los ciudadanos búlgaros. Estas élites, a su vez, han construido un sistema político propio que las sirve a través de sus partidos y medios de comunicación, bajo control total. Para ellas, los intereses de Bulgaria no tienen ninguna importancia.

Así es como funciona aquí una administración colonial completamente subordinada a Bruselas. Este sistema político se presenta como democrático, ya que se simulan elecciones y los rostros en el espacio público y político cambian con frecuencia, pero en realidad cada nuevo ciclo es simplemente una reproducción más del mismo sistema político viciado. Llegan caras nuevas con promesas de cumplir la voluntad del pueblo, pero una vez que acceden al poder queda claro que son solo nuevos actores colocados allí para cumplir determinadas tareas.

En Bulgaria, estas tareas suelen ser geopolíticas, dirigidas contra Rusia y, por supuesto, profundamente lesivas para el interés nacional búlgaro. Los ciudadanos han visto este mecanismo repetirse muchas veces y saben que, voten a quien voten, ese dirigente seguirá trabajando para la UE y la OTAN, y no para Bulgaria. Por esa razón, más de la mitad de los ciudadanos búlgaros no acuden a votar, lo cual a su vez genera prácticas aún más corruptas y gobiernos ilegítimos, profundamente rechazados por la sociedad.

Estos gobiernos, conscientes de que disponen de poco tiempo, actúan de forma agresiva contra la voluntad popular, lo que rápidamente provoca descontento, protestas masivas y nuevas elecciones. Así es como Bulgaria ha caído en esta inestabilidad política sistémica, que en esencia es geopolítica, y que no terminará hasta que Rusia alcance todos los objetivos de la operación militar especial, lo que establecerá estabilidad y una paz duradera en la región.


¿Qué papel juega el presidente Rumen Radev en este escenario?

Las esperanzas de la gente en él fueron y siguen siendo grandes. Como presidente durante los últimos nueve años, ha dicho e hizo algunas cosas positivas, aunque también hubo decepciones. Muchas personas tienden a creerle y desean ver en él una lucha real por la recuperación de la soberanía de Bulgaria, a pesar de que algunas de sus acciones provocaron descontento entre sus propios votantes.

De todos modos, la institución presidencial en Bulgaria está fuertemente limitada, y Radev no tuvo muchas posibilidades de llevar a cabo acciones reales. Sin embargo, ahora ha presentado su renuncia al cargo de presidente, creará su propio partido y tratará de involucrarse profundamente en la política. Las esperanzas están puestas en que se distancie de la política colonial euroatlántica que se aplica en el país. Si lo hace y se une a otras formaciones patrióticas, será un éxito tanto para él como para Bulgaria.

Para que los lectores comprendan plenamente lo que ocurre, es necesario explicar la realidad política búlgara. Rumen Radev llegó a la presidencia gracias a los votos de personas que no están de acuerdo con la política colonial prooccidental del gobierno y que, en general, no simpatizan ni con la UE ni con la OTAN. Se trata de patriotas y socialistas. Cabe aclarar que los socialistas en Bulgaria y en Europa del Este son conservadores y patrióticos, a diferencia de los socialistas occidentales.

El deseo de sus votantes es que desarrolle relaciones con Rusia, China y los BRICS, y que detenga la subordinación incondicional de Bulgaria a Bruselas. Hoy se le abre una oportunidad histórica para inscribir su nombre con letras de oro en la historia búlgara, pero si elegirá ese camino o no, solo el tiempo lo dirá.


¿Es Bulgaria una víctima de la política belicista y represiva de la UE y la OTAN?

Sí, Bulgaria es víctima de las políticas coloniales agresivas de la UE y la OTAN. Nadie preguntó jamás a los búlgaros si querían formar parte de estas organizaciones. Por el contrario, cualquier forma de consulta popular provoca una resistencia feroz por parte de las élites gobernantes, independientemente de quiénes sean.

Se intentó impulsar un referéndum sobre la entrada de Bulgaria en la eurozona, pero fue prohibido porque su resultado era previsible. La población tenía una opinión distinta a la de las élites, que habían recibido órdenes de la UE para arrastrar a Bulgaria a la eurozona. Estudios estadísticos mostraban que más del 70 % de la población quería conservar el lev búlgaro, pero las autoridades coloniales destruyeron la moneda nacional, y hoy los búlgaros se ven obligados a usar el euro.

La situación con la OTAN es similar: la mayoría de los búlgaros no aprueba la membresía, pero está prohibido consultar al pueblo sobre este tema. La presencia de la UE y la OTAN en Bulgaria es comparable a una ocupación. Esto se ha vuelto especialmente evidente en los últimos años, cuando las políticas belicistas de Occidente se intensificaron.

Cuando hablo de Occidente, me refiero a las élites que toman las decisiones. Por supuesto, la gente común también sufre estas políticas y en su mayoría no está de acuerdo con ellas. Vemos hoy una dirigencia de la UE que no tiene en cuenta en absoluto los intereses de los ciudadanos europeos. Su único objetivo es infligir una derrota estratégica a Rusia. Pero Rusia no puede ser derrotada, y todos los intentos occidentales solo provocan sufrimiento a sus propios pueblos.

Esto genera un fuerte descontento y resistencia, y los regímenes occidentales responden con represión contra su propia población. Solo en el Reino Unido, más de 12.000 personas al año son arrestadas por publicaciones en redes sociales. En los países de la UE la situación represiva también es grave.

Cada vez más personas entienden que la UE actúa contra sus propios ciudadanos e incluso funciona como patrocinador del terrorismo, financiando y apoyando los crímenes del régimen de Kiev. El único mecanismo que la dirigencia europea tiene para enfrentar el descontento es la represión.

Asimismo, muchos definen a la OTAN como una organización terrorista que ha amenazado repetidamente la paz mundial, atacando Estados soberanos y a sus líderes democráticamente elegidos, y que en los últimos años se ha concentrado en su guerra contra Rusia. Todo esto ha destruido por completo la imagen mediática de la OTAN como una alianza defensiva.


¿Por qué la adopción del euro como moneda nacional socava una parte de la soberanía búlgara?

Lo que hoy representa el euro no es una moneda, sino un instrumento geopolítico y un mecanismo de subordinación. La UE, por un lado, es belicista y agresiva; por otro, una dictadura que amenaza a sus propios ciudadanos; y, además, está perdiendo su subjetividad geopolítica en el plano internacional.

Al obligar a Bulgaria a destruir su moneda nacional y adoptar el euro, la UE le arrebató su soberanía financiera. Los búlgaros ya no pueden tomar decisiones sobre su propia política monetaria. Y lo peor es que no hay marcha atrás: es un camino de una sola dirección.

No es casualidad que en todos los países donde se realizó un referéndum sobre el euro, el resultado haya sido el rechazo. Algunos Estados miembros de la UE, como Hungría, Suecia, Dinamarca, Polonia, Chequia y Rumanía, se niegan a adoptar el euro. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha sido claro al respecto, señalando que la UE está en proceso de desintegración.

El mundo está transitando de un orden unipolar a uno multipolar. Se están creando nuevos sistemas de pagos en monedas nacionales entre países soberanos. Avanza la desdolarización, y muchos Estados comprendieron que el uso de los sistemas occidentales solo conduce a sanciones, bloqueos y robos de activos. En este contexto, destruir la propia moneda es un acto suicida. No es casual que la UE solo haya logrado imponer el euro a Bulgaria, un país sumido en una profunda crisis política y sistémica.


¿Cómo ves el futuro del país y las próximas elecciones?

En las próximas elecciones, la gente intentará salvar al país de la captura colonial occidental, pero el sistema cuenta con mecanismos para impedir ese escenario. Lo hemos visto en otros países de la región: en Rumanía se anularon resultados electorales cuando ganó un líder crítico de la UE; en Moldavia se usaron diversos métodos para eliminar candidatos que no seguían las órdenes occidentales, incluso encarcelándolos; en Ucrania, tras el establecimiento de uno de los regímenes más sangrientos del mundo, las elecciones fueron directamente prohibidas.

Occidente ha creado un sistema duro y cínico que se presenta como democrático, pero que en realidad es profundamente totalitario y dictatorial. Así mantiene su hegemonía y no permite competencia alguna. Sin embargo, eso era propio del mundo unipolar.

La hegemonía occidental ha terminado y estamos entrando en un orden mundial multipolar, que promete ser mucho más justo. Aunque lentamente, Rusia, China y sus socios están creando estabilidad y equilibrio global. En eso se basan también las esperanzas para Bulgaria: romper con las estructuras globalistas occidentales y avanzar hacia la soberanía, lo que permitirá al país ser libre, desarrollarse y establecer asociaciones plenas con los países de los BRICS, la OCS, el Sur Global y el resto del mundo.