La República Popular China y la Federación de Rusia continúan consolidando una de las asociaciones estratégicas más relevantes del siglo XXI. En un contexto internacional marcado por la erosión del orden unipolar, la militarización de la política exterior occidental y el uso sistemático de sanciones, bloqueos y presiones coercitivas por parte de Estados Unidos y sus aliados, Pekín y Moscú avanzan hacia una cooperación cada vez más profunda en materia de defensa y seguridad.
Las recientes declaraciones del ministro de Defensa chino, Dong Jun, confirmaron la voluntad de las Fuerzas Armadas de la RPC de fortalecer la coordinación estratégica, enriquecer la cooperación práctica y perfeccionar los mecanismos de intercambio con Rusia, con el objetivo explícito de hacer frente a riesgos y desafíos comunes y aportar estabilidad al sistema internacional. Estas afirmaciones se produjeron tras una videoconferencia mantenida el 27 de enero con su homólogo ruso, Andréi Beloúsov, lo que evidencia un diálogo fluido y permanente al más alto nivel militar.
Una asociación estratégica con bases sólidas
El acercamiento actual no es coyuntural ni reactivo. Se apoya en una arquitectura política y diplomática consolidada durante décadas. Este año se cumplen 30 años del establecimiento de la asociación estratégica chino-rusa y 25 años de la firma del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación, instrumentos que sentaron las bases de una relación sustentada en el respeto mutuo, la no injerencia y la defensa de un orden internacional más equilibrado.
A diferencia de las alianzas militares occidentales, estructuradas sobre la lógica de bloques, expansión y confrontación, la cooperación entre China y Rusia se presenta como flexible, no dirigida contra terceros específicos y orientada a la estabilidad regional y global. Sin embargo, resulta evidente que esta coordinación también actúa como un factor de contención frente a la creciente agresividad de la OTAN y la estrategia estadounidense de cerco simultáneo contra Moscú y Pekín.
Coordinación militar y mecanismos de intercambio
Según informó el Ministerio de Defensa chino, ambas partes buscan reforzar los mecanismos de intercambio institucional, profundizar la cooperación práctica y elevar la interoperabilidad entre sus fuerzas armadas. Moscú, por su parte, expresó su disposición a fortalecer los contactos directos, impulsar actividades conjuntas e intensificar la cooperación en ámbitos como la formación de personal militar, lo que apunta a una integración cada vez más sofisticada.
Las actividades conjuntas, los ejercicios militares coordinados y el intercambio de experiencias operativas permiten a ambos países mejorar su capacidad de respuesta ante escenarios complejos, desde amenazas convencionales hasta desafíos híbridos, cibernéticos y estratégicos. Este nivel de cooperación transmite un mensaje claro: China y Rusia no están aisladas, sino profundamente conectadas y alineadas en su visión de seguridad.
Contención frente a la presión occidental
El fortalecimiento de la cooperación en defensa se produce en un momento en que Estados Unidos intensifica su presión simultánea sobre ambos actores. En el caso de Rusia, a través de sanciones masivas, apoyo militar a Ucrania y la expansión de la OTAN hacia el este. En el caso de China, mediante la militarización del Indo-Pacífico, el uso de Taiwán como punta de lanza, restricciones tecnológicas y una creciente presencia militar en su entorno inmediato.
Frente a esta estrategia de cerco, Pekín y Moscú apuestan por una coordinación estratégica que reduzca vulnerabilidades, disuada aventuras militares y limite la capacidad de Washington de imponer hechos consumados. Lejos de escalar el conflicto, esta cooperación busca establecer equilibrios que frenen la lógica de confrontación permanente impulsada desde Occidente.
Un mensaje al mundo multipolar
Las declaraciones de Dong Jun subrayan un punto clave: la cooperación chino-rusa no se concibe únicamente en términos bilaterales, sino como un aporte positivo a la seguridad y estabilidad globales. En un mundo que avanza hacia la multipolaridad, donde las instituciones tradicionales muestran signos de agotamiento y las reglas son aplicadas de manera selectiva por las potencias occidentales, la coordinación entre China y Rusia se erige como un contrapeso estructural.
Ambos países promueven un orden internacional basado en la soberanía, el respeto al derecho internacional y la coexistencia pacífica, en contraste con el intervencionismo, los cambios de régimen y la diplomacia coercitiva que caracterizan la política exterior de Washington.
Un eje estratégico en consolidación
La profundización de la cooperación total en defensa entre China y Rusia confirma que el eje euroasiático continúa fortaleciéndose. No se trata de una alianza circunstancial, sino de una convergencia estratégica de largo plazo, impulsada por intereses compartidos, amenazas comunes y una visión coincidente sobre el futuro del sistema internacional.
En un escenario global tenso y en plena transformación, la coordinación entre Pekín y Moscú emerge como uno de los pilares centrales de la estabilidad, enviando una señal inequívoca: frente a la agresión, la presión y la imposición unilateral, existen alternativas basadas en la cooperación, el equilibrio y la defensa colectiva de un mundo verdaderamente multipolar.
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