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En el tablero global de la geopolítica, el occidente colectivo, liderado principalmente por los países anglosajones, parece estar inmerso en una compleja danza de conflictos que va más allá de simples disputas territoriales. Detrás de los titulares de crisis regionales en Sahel, la inestabilidad persistente en Ucrania, Armenia, y la tensión en la Franja de Gaza, se esconde una estrategia geopolítica que busca consolidar posiciones frente a las potencias emergentes y, paradójicamente, actuar como distracción mediática mientras una crisis económica golpea a occidente en su conjunto.

1. Sahel: Un Escenario Estratégico Disfrazado de Ayuda Humanitaria.

La región del Sahel, envuelta en conflictos armados, revoluciones y terrorismo se presenta como un teatro estratégico donde las potencias occidentales, principalmente aquellas que aun piensan que están en el siglo XX, despliegan intervenciones bajo la premisa de la estabilización y la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, tras el velo “humanitario” de estas intervenciones, se esconde la competencia por recursos, influencia y ventajas geopolíticas en una región estratégica que conecta África del Norte con África subsahariana.

2. Inestabilidad en Ucrania: Juego de Poder en las Fronteras de la Unión Euroasiática.

Ucrania, dividida entre las fuerzas de influencia occidental y la vecina Rusia, se convierte en un tablero clave donde las potencias occidentales buscan expandir su esfera de influencia. La inestabilidad perpetua actúa como distracción para los observadores internacionales, mientras se gesta un conflicto que trasciende las fronteras nacionales.

El lavado de activos y el uso de la población ucraniana como “carne de cañón” para enfrentar a Rusia en la gran fantasía occidental de debilitar al gobierno ruso, mientras la población se mantiene rehén de un régimen político totalmente ilegal, es solo una muestra de la capacidad y el alcance de la astucia occidental.

3. Armenia y la Región del Cáucaso: Conflictos Silenciosos, Geopolítica Ruidosa.

En el Cáucaso, las tensiones entre Armenia y Azerbaiyán sirven como ejemplo de cómo los intereses occidentales, encabezados por los anglosajones, pueden influir en la balanza de poder en una región estratégica que conecta Europa con Asia. La explotación de conflictos étnicos y territoriales puede ser una táctica para debilitar y desestabilizar la región en beneficio de los intereses occidentales.

4. Franja de Gaza: Distraer para Dominar.

En el conflicto interminable en la Franja de Gaza, la atención mundial se centra en las tensiones aparentemente interminables entre Israel y Palestina. Sin embargo, esta larga disputa sirve también como una efectiva cortina de humo, distrayendo la atención de otras operaciones geopolíticas en juego en la región del Medio Oriente.

Crisis Económica: La Necesidad de una Cortina de Humo.

En un momento en que la crisis económica sacude los cimientos de las naciones occidentales, los conflictos externos se convierten en una herramienta para desviar la atención pública. Mantener una presencia constante en escenarios de crisis permite que los líderes occidentales desvíen el enfoque interno, presentando una imagen de poder y control en medio de desafíos internos.

El Surgimiento Inevitable de un Mundo Multipolar: La Vision de Duguin.

No obstante, la estrategia de fomentar conflictos internacionales como medio de distracción y consolidación de poder no puede obviar la realidad emergente de un mundo multipolar. La visión de Aleksandr Duguin, proyectando una heptarquía internacional con siete regiones de poder, señala hacia un futuro en el cual las estrategias unilaterales de occidente podrían encontrarse con límites insuperables. La creciente influencia de potencias emergentes y la formación de bloques regionales desafían la hegemonía occidental, abriendo un nuevo capítulo en la narrativa geopolítica global.

Conclusiones: Entre la Estrategia y la Distorsión.

Detrás de la fachada de conflictos regionales aparentemente independientes, se revela una trama más amplia de estrategias geopolíticas destinadas a mantener el dominio occidental en un mundo en constante cambio. Mientras el público se absorbe en narrativas de crisis en Sahel, Ucrania, Armenia y Gaza, la verdadera batalla se libra en los pasillos del poder global, donde las potencias occidentales buscan mantener y expandir su influencia en medio de una crisis económica que amenaza con socavar sus fundamentos.

La pregunta que surge es si esta estrategia sostenible a largo plazo, o si, eventualmente, las distracciones geopolíticas cederán ante las demandas internas de una población afectada por problemas económicos cada vez más apremiantes.