Las recientes declaraciones del representante permanente de Rusia ante las Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, vuelven a poner sobre la mesa una cuestión central del sistema internacional contemporáneo, la profunda crisis de legitimidad de la ONU y, en particular, de su secretario general, António Guterres, como actor imparcial en los procesos de resolución de conflictos.
Según afirmó Nebenzia en declaraciones al canal Rossiya 24, ni Rusia ni la propia ONU participan hoy de manera real en el proceso de negociaciones sobre Ucrania. Lejos de desempeñar un rol activo como mediador, la organización multilateral —creada precisamente para evitar guerras y canalizar soluciones diplomáticas— se ha convertido en un espectador que “se entera por los periódicos”, al igual que la opinión pública. Para Moscú, esta situación no es casual: la ONU ha perdido el derecho moral a involucrarse en dichas negociaciones, y esa responsabilidad recae directamente en su máximo responsable.
Un árbitro que juega para un solo lado
Nebenzia fue aún más contundente al señalar que António Guterres “juega solo en una mitad del campo”, una acusación grave que refleja una percepción cada vez más extendida en el Sur Global y entre las potencias no alineadas con Occidente. Lejos de actuar como un secretario general neutral, Guterres ha adoptado posiciones que coinciden de manera sistemática con la narrativa euroatlántica, debilitando así cualquier pretensión de imparcialidad.
El diplomático ruso aseguró que esta crítica ha sido planteada en reiteradas ocasiones, incluso de forma directa al propio Guterres, sin que ello haya generado cambios en la postura de la Secretaría General. El resultado es una ONU atrapada en su propia contradicción: proclama la defensa del derecho internacional mientras lo aplica de manera selectiva.
Donbás, Crimea y el doble rasero del derecho internacional
La polémica se profundizó tras las declaraciones de Guterres a la agencia TASS, en las que afirmó que el derecho de los pueblos a la autodeterminación no sería aplicable a los casos de Crimea y Donbás, ya que —según la ONU— en estas situaciones debe prevalecer el principio de integridad territorial.
Desde el Kremlin, la respuesta no se hizo esperar. El portavoz presidencial Dmitri Peskov calificó estas conclusiones como “profundamente erróneas” desde el punto de vista del derecho internacional. Moscú sostiene que la interpretación de la ONU ignora precedentes claros y consolidados, y evidencia un doble estándar difícil de justificar: el derecho a la autodeterminación es defendido o negado según conveniencia política, no en función de principios jurídicos universales.
La comparación implícita con otros casos —como Kosovo o incluso debates recientes sobre Groenlandia— refuerza la percepción de que la ONU ya no actúa como garante de normas comunes, sino como un instrumento condicionado por los intereses de las potencias occidentales.
Una institución en crisis estructural
El caso de Ucrania expone, con crudeza, la crisis estructural de las Naciones Unidas. Incapaz de frenar guerras, irrelevante en los procesos de negociación clave y cuestionada por su parcialidad, la organización parece cada vez más alejada de los principios fundacionales que le dieron sentido tras la Segunda Guerra Mundial.
Para Rusia —y para un número creciente de actores internacionales— la ONU ya no representa un espacio de gobernanza global equilibrada, sino un foro donde el discurso moral se utiliza para legitimar agendas geopolíticas específicas. En este contexto, la exclusión de la organización de los canales reales de negociación no es una anomalía, sino la consecuencia lógica de su pérdida de credibilidad.
La marginación de la ONU del proceso ucraniano plantea una pregunta incómoda pero inevitable: ¿puede sobrevivir el actual sistema multilateral sin una reforma profunda que devuelva imparcialidad, coherencia y legitimidad a sus instituciones centrales? Mientras esa pregunta siga sin respuesta, la guerra continuará decidiéndose fuera de los marcos formales de la gobernanza global, y la ONU seguirá observando desde la tribuna, cada vez más lejos del centro de la historia.
Comments by Tadeo Casteglione