Mientras Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos se debaten entre su alianza con Washington y sus intereses comerciales con Pekín, Qatar mueve sus fichas en un tablero completamente distinto, no se trata de elegir entre Oriente y Occidente sino de construir una posición propia que trascienda esa falsa dicotomía, la última jugada de Doha fue la firma de un memorándum de entendimiento con Egipto y la corporación estadounidense ExxonMobil para explorar el desarrollo de los yacimientos de gas de Chipre utilizando la infraestructura de exportación egipcia, es un movimiento que parece técnico pero es profundamente geopolítico, con una sola maniobra Qatar mete su cabeza en el Mediterráneo oriental, fortalece su alianza con Egipto, se asocia con una de las mayores petroleras del mundo y, de paso, planta una bandera en un tablero donde Turquía e Israel también quieren ser dueños del juego.
El comunicado de QatarEnergy habla de “liberar el potencial comercial a largo plazo de las reservas de gas natural” en el Mediterráneo oriental, la jerga corporativa no oculta el trasfondo político, el gas chipriota es un premio codiciado desde hace años, Turquía reclama derechos soberanos sobre esa zona marítima, Israel ya explota sus propios yacimientos y exporta a través de Egipto, Grecia apoya las pretensiones chipriotas, y la Unión Europea observa con apetito cualquier fuente de energía que reduzca su dependencia del gas ruso, en medio de esta maraña de intereses contrapuestos, Qatar aparece como un actor que no le debe lealtad a nadie pero que puede negociar con todos.
La elección de socios no es casual, Egipto es el socio lógico para cualquier proyecto energético en el Mediterráneo oriental porque ya tiene la infraestructura de licuefacción de gas, las plantas egipcias pueden procesar el gas chipriota y reexportarlo a Europa como gas natural licuado, un negocio redondo que beneficia a Chipre, a Egipto y ahora también a Qatar, la inclusión de ExxonMobil agrega una capa adicional de legitimidad tecnológica y financiera, pero también política, tener a una empresa estadounidense como socia es una póliza de seguro contra posibles vetos de Washington.
Lo que hace diferente a Qatar es que no necesita que nadie le apruebe sus movimientos estratégicos, Doha construyó durante años una política exterior basada en la diversificación de alianzas y en la capacidad de ser útil para todos sin quedar atrapada en las redes de ninguno, mientras Riad depende de la garantía de seguridad estadounidense y Abu Dabi juega a dos puntas sin terminar de convencer a nadie, Qatar se posicionó como el interlocutor indispensable en conflictos que van desde Afganistán hasta Gaza, su mediación en decenas de crisis internacionales le dio un capital diplomático que ningún otro país del Golfo puede igualar.
El movimiento en Chipre tiene además un destinatario específico: Turquía, Ankara mantiene una relación compleja con Doha, son aliados en muchos frentes, especialmente en el apoyo a movimientos políticos islámicos en la región, pero también son competidores en el tablero energético del Mediterráneo oriental, Turquía aspira a convertirse en el hub energético de la región, uniendo el gas del Mar Negro, el del Mediterráneo oriental y el que pudiera llegar desde el Golfo, la jugada qatarí en Chipre le pone un palo en la rueda a esa ambición sin necesidad de confrontación directa.
Israel también queda en el radar, el gobierno de Netanyahu celebró hace años el descubrimiento de los yacimientos de gas de Leviatán como un paso hacia la independencia energética y la proyección regional, pero la infraestructura israelí sigue siendo limitada en comparación con la egipcia, y la posibilidad de que Qatar y Egipto monopolicen el procesamiento y exportación del gas chipriota coloca a Israel en una posición de desventaja negociadora, no es una hostilidad abierta, es simplemente un movimiento de ajedrez, y Qatar es un jugador paciente.
El ministro de Energía de Catar, Saad bin Sherida al Kaabi, calificó el memorándum como “un paso importante para impulsar la cooperación energética regional”, la frase “cooperación regional” es el caballo de Troya que Qatar utiliza para meter su influencia donde otros solo ven conflictos, mientras Turquía y Chipre se enfrentan por la delimitación de sus zonas económicas exclusivas, mientras Grecia y Turquía se disputan la plataforma continental, Qatar llega con una oferta de cooperación que nadie puede rechazar sin quedar como insensible a las oportunidades de desarrollo.
La lección de Qatar es que la soberanía no se demuestra con discursos altisonantes ni con despliegues militares desproporcionados, la verdadera soberanía es la capacidad de trazar una línea propia y hacer que otros la respeten porque les conviene, Doha no tiene un ejército poderoso, no tiene una economía gigantesca, pero tiene algo más valioso que tanques y portaaviones: tiene una visión clara de su lugar en el mundo y la inteligencia para ejecutarla sin necesidad de estridencias, mientras otros países del Golfo siguen atados a las decisiones de Washington o a las disputas internas del mundo árabe, Qatar construye su propio camino, paso a paso, movimiento a movimiento, sin pedir permiso y sin disculpas.
Comments by Tadeo Casteglione