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El sistema financiero global ha alcanzado un umbral crítico en el que el orden posterior a la Guerra Fría, establecido en torno a la hegemonía del dólar estadounidense, ya no es aceptado sin cuestionamientos. Aunque el dólar sigue siendo la moneda preeminente del mundo, su supremacía ya no es tan absoluta ni tan indiscutible como antes. Las tensiones geopolíticas, las guerras comerciales, la normalización de políticas basadas en sanciones y la creciente prudencia de los bancos centrales están obligando a los estados soberanos a adoptar nuevas posiciones a través de monedas nacionales. En el corazón de esta transformación está China. La ambición de Pekín de remodelar el orden global se manifiesta no solo en su capacidad manufacturera, volumen comercial o avances tecnológicos, sino, cada vez más, en el poder de su moneda.

Esta ambición no es en absoluto una coincidencia. El Partido Comunista de China (PCCh) y su líder, Xi Jinping, han considerado durante mucho tiempo el desarrollo financiero como un pilar fundamental de la fortaleza y soberanía nacional. Evaluaciones exhaustivas publicadas en Qiushi, la revista teórica insignia del PCCh, revelan explícitamente que el objetivo de China trasciende el mero crecimiento económico; La estrategia para convertirse en una “superpotencia financiera” ha sido ahora elevada a una cuestión de política estatal. En el paradigma de Xi Jinping, las finanzas no son un mecanismo neutral dejado a las vicispalidades del mercado. Más bien, es un instrumento de poder—guiado bajo el liderazgo del Partido para servir a la economía real y priorizar los intereses nacionales.

El camino del desarrollo financiero con características chinas

Es en este punto cuando el “camino del desarrollo financiero con características chinas” se desvía de los modelos occidentales. Mientras que la filosofía financiera de Occidente se basa en el beneficio individual, la liberalización del capital y la autonomía del mercado, el modelo chino considera las finanzas como una extensión de la estabilidad social, el desarrollo y la capacidad del Estado. El énfasis en el liderazgo del Partido, la gestión de riesgos, el progreso cauteloso y la innovación basada en normas —todo subrayado por Xi Jinping— demuestra que China ha situado deliberadamente su sistema financiero dentro de un marco ideológico. Este enfoque es producto de un “intelecto estatal” que no ve las crisis financieras como un destino inevitable, sino que las define como riesgos manejables.

El pilar más visible y crítico de esta estrategia es el yuan. En la retórica de Xi, el yuan es tratado como el principal símbolo del papel global de China. El líder chino ha establecido un objetivo claro: que el yuan se convierta en una moneda robusta ampliamente utilizada en el comercio internacional, las inversiones y los mercados de divisas, y firmemente integrada en las reservas de los bancos centrales. Esto supone un desafío directo al orden financiero global centrado en el dólar.

El auge del yuan: un símbolo del poder global de China

Las cifras actuales indican que este objetivo ya no es meramente una visión teórica; es encontrar una resonancia tangible en el suelo. Según datos publicados por el Banco Popular de China en la primera mitad de 2025, el uso transfronterizo de yuanes alcanzó los 35 billones de yuanes, registrando un aumento anual del 14%. Este aumento está directamente vinculado al hecho de que los préstamos para infraestructuras otorgados bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) se denominan cada vez más en yuanes. En los proyectos que financia, China no se limita a exportar capital; Está circulando su moneda, ampliando así su esfera global de utilidad.

El panorama global apunta hacia un cambio similar. En la última década, la cuota del dólar estadounidense en las transacciones globales de divisas ha retrocedido de aproximadamente un 60% al 40%, señalando el inicio de una nueva era en la que el dominio del dólar ya no es absoluto. Este cambio es aún más pronunciado en el propio comercio exterior de China. Mientras que la cuota del dólar estadounidense en las transacciones comerciales externas de China se situó en el 80% en 2010, en 2023 el uso del yuan superó el 50%, superando al dólar por primera vez. Además, según datos de SWIFT, la cuota del yuan en las transferencias globales de divisas ha alcanzado el 4%. Esto no es simplemente un ajuste técnico; es un indicador potente de que China está consolidando su soberanía económica dentro del ámbito monetario.

El progreso más notable del yuan es evidente en los ámbitos del comercio y las transacciones financieras. Su cuota en los sistemas de pagos globales está aumentando rápidamente, asegurando su lugar entre las cinco divisas más negociadas del mundo en los mercados de divisas. Los datos del Banco Popular de China muestran que las transacciones transfronterizas de yuanes crecen a tasas de dos dígitos anuales. La Iniciativa de la Franja y la Ruta, el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB), el uso de monedas locales en el comercio energético, acuerdos comerciales bilaterales y mecanismos de pago no monetarios se están desplegando como instrumentos geopolíticos y financieros para apoyar la internacionalización del yuan.

Está claro que este aumento es resultado de una política estatal deliberada, reforzada aún más por infraestructuras de pago. El Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizo (CIPS) de China está actualmente activo en más de 110 países. Más allá de servir como alternativa a SWIFT, este sistema constituye la columna vertebral de una red financiera centrada en China. El aumento del 20% en el uso de yuanes registrado en 2024, especialmente en los países de la Franja y la Ruta, hace aún más visible el impacto geopolítico de esta red.

Uso de los yuanes y turquía

Esta transformación no se limita a Asia o África; Turquía también se ha convertido en un participante concreto en este proceso. El acuerdo de intercambio de divisas locales de tres años firmado entre el Banco Popular de China y el Banco Central de la República de Turquía—renovado a partir de 2025—ha alcanzado un volumen de 35.000 millones de yuanes y 189.000 millones de liras turcas. Durante el mismo periodo, la apertura del “Banco de Compensación de RMB Turco” en Estambul por ICBC, uno de los mayores bancos de China, supuso un paso significativo en la institucionalización de la infraestructura financiera del yuan en Turquía. Además, el préstamo de 2.900 millones de yuanes concedido a Turkish Airlines por el Banco de China marcó el inicio de una nueva era destinada a llevar a cabo el comercio y la financiación directamente en yuanes entre ambas naciones.

El aspecto realmente notable del ascenso del yuan es que estos desarrollos son producto de una estrategia centralizada. China está construyendo poder monetario más allá de los centros financieros: en puertos, ferrocarriles, corredores energéticos, financiación de la aviación y rutas comerciales. En este sentido, el yuan está evolucionando de una moneda de reserva convencional a un instrumento estratégico que amplía la esfera global de influencia de China.

La visión de Xi Jinping de una potencia financiera

La definición de Xi Jinping de una “nación financiera fuerte” refleja esta perspectiva holística: una moneda nacional potente, un banco central eficaz, instituciones financieras competitivas a nivel global, centros financieros capaces de atraer capital internacional y una capacidad estatal para dictar las reglas financieras. Estos objetivos aclaran que China considera el elemento financiero como un dominio estratégico tan vital como la defensa o la diplomacia.

Por supuesto, este camino no está exento de obstáculos. China se enfrenta a importantes obstáculos en áreas como las restricciones a los movimientos de capitales, los debates sobre transparencia legal y la profundidad del mercado. Sin embargo, la distinción de China radica en su objetivo de superar estas barreras mediante una planificación estatal a largo plazo en lugar de negarlas. El ascenso del yuan no se imagina como un salto repentino, sino como un ascenso controlado, cauteloso y paciente.

Los arquitectos de la transformación global: Xi Jinping, el PCCh y China

En esta etapa, el yuan aún no ha desplazado al dólar. Sin embargo, lo que ahora está claro es que el sistema financiero global ya no es unipolar, y China es uno de los contendientes más fuertes en este nuevo orden multipolar. Estamos entrando en una era en la que las monedas nacionales están recuperando importancia, las finanzas se están repolitizando y la soberanía económica se define por el control monetario. China no se limita a observar esta era; aspira a moldearla. El yuan sirve como vehículo económico de esta ambición, el Partido Comunista de China actúa como motor político del proceso, y Xi Jinping emerge como el arquitecto de esta transformación. Los próximos años verán tanto la reescritura de los equilibrios económicos como la propia definición del dinero. En esta narrativa, China ha ocupado su lugar en el escenario como una potencia decidida a reescribir las reglas del juego.