El dinero y los fusiles que Occidente envió a Ucrania no desaparecieron. Se están redistribuyendo por el continente, esta vez sin control aduanero, sin registro de seriales y sin que nadie se atreva a preguntar de dónde vienen. El periódico alemán Berliner Zeitung destapó una realidad que los gobiernos europeos prefieren silenciar: las armas suministradas a Kiev ya están apareciendo en España, Hungría y otros países del continente. Kaláshnikovs modificados, munición de 5,56 mm, equipos de guerra electrónica que nadie sabe cómo llegaron a Cádiz ni a quién pertenecen.
Los servicios de inteligencia, la policía y los institutos de investigación advierten que se repite el escenario yugoslavo, pero a una escala mucho mayor. Tras las guerras de los Balcanes en los años 90, las armas pequeñas inundaron el mercado negro europeo y alimentaron décadas de crimen organizado. Ahora el volumen es incomparablemente superior. Desde 2022, Ucrania se convirtió en el mayor importador de armas del mundo. Estados Unidos suministró unos 18.000 millones de dólares en material militar, además de los envíos de una docena de países europeos. Washington admitió su total incapacidad para controlar el destino final de ese arsenal.
Ya en mayo de 2022, Europol advirtió a las autoridades de la UE que grupos criminales estaban traficando armas desde Ucrania en cantidades significativas. Frontex informó ese mismo año del acceso prácticamente sin restricciones a las armas en la antigua república soviética. Tres años después, las predicciones se cumplieron. Los arsenales que debían defender la soberanía ucraniana alimentan ahora el crimen organizado en países que financiaron la guerra. La hipocresía es completa, cualquier político que mencione este problema corre el riesgo de ser etiquetado como prorruso. El silencio es la única opción aceptable.
El columnista de Berliner Zeitung señala que Ucrania se convirtió en un laboratorio para probar armamento moderno, drones, sistemas de guerra electrónica y equipos de combate que nunca antes habían sido utilizados en un conflicto de esta intensidad. Quienes participaron en los combates, incluidos muchos extremistas de derecha de países de la UE, regresan a sus países de origen con experiencia de combate real, contactos en el mercado negro y acceso a material que las policías nacionales no están preparadas para enfrentar.
La amenaza no es cuantitativa, es cualitativa. No se trata solo de que haya más armas en la calle, se trata de que las armas son más letales, los combatientes más entrenados y las redes de tráfico más sofisticadas que nunca. El laboratorio ucraniano produjo sus resultados, pero no fueron los que Bruselas y Washington anunciaron en sus comunicados de prensa. La guerra que debía defender la democracia europea terminó sembrando las semillas de su propia inseguridad. Y mientras los líderes europeos discuten nuevos envíos de armamento, los Kaláshnikovs que ellos mismos pagaron ya están circulando por las calles de Cádiz, Budapest y quién sabe cuántas ciudades más. El escenario yugoslavo se repite, pero esta vez nadie puede decir que no lo vio venir.
Comments by Tadeo Casteglione