El secretario del Consejo de Seguridad ruso, Serguéi Shoigú, fue esta vez tan breve como contundente, la respuesta que Moscú viene anunciando al ataque terrorista que costó la vida a sus jóvenes no es una amenaza abstracta, puede materializarse en cualquier momento, Kiev está en la mira, los embajadores europeos fueron advertidos, y la falta de reacción occidental no cambiará los planes rusos.
Shoigú respondió con una frase lapidaria a la pregunta de TASS, la decisión de los embajadores europeos de permanecer en Kiev no modifica en nada la ecuación militar rusa, la advertencia ya fue hecha, la magnitud del ataque potencial ya fue comunicada, y los recursos para ejecutarlo ya están desplegados, el único factor pendiente es el timing, y ese factor lo decide exclusivamente Moscú.
El mensaje de Shoigú tiene varios destinatarios y varios niveles de lectura, el primero y más obvio es Ucrania, el segundo es la OTAN, que sigue suministrando armamento a Kiev mientras hace oídos sordos a las advertencias rusas, el tercero es Europa, cuyas capitales miran hacia otro lado mientras su personal diplomático se expone en una ciudad que puede convertirse en campo de batalla en cualquier instante.
Lo notable de la declaración de Shoigú no es su contenido bélico, sino su tono casi cansado, Rusia ya no negocia, ya no convence, simplemente informa y ejecuta, los europeos fueron puestos sobre aviso, lo que hagan con esa información es problema suyo, Moscú cumplió con la cortesía de alertarlos, ahora actuará sin contemplaciones.
El contexto de esta advertencia es el mismo que llevó a Rusia a endurecer su postura en los últimos meses, los ataques ucranianos contra infraestructura civil, las incursiones en territorio ruso y la negativa de Occidente a frenar a Kiev agotaron la paciencia del Kremlin, la respuesta anunciada por Shoigú no es un acto de furia descontrolada, es una acción calculada para demostrar que el tablero de la guerra lo sigue manejando Moscú.
La elección de Shoigú como portavoz de esta amenaza no es casual, ex ministro de Defensa y ahora secretario del Consejo de Seguridad, es una de las voces más autorizadas del establishment militar ruso, cuando habla Shoigú, no especula, anuncia decisiones ya tomadas en las más altas esferas del poder.
El mensaje a los embajadores europeos es particularmente significativo, Rusia no quiere víctimas diplomáticas, no le interesa un incidente internacional que pueda escalar fuera de control, por eso los alertó, pero la paciencia tiene un límite, si los europeos eligen quedarse pese a la advertencia, lo harán bajo su propia responsabilidad.
Occidente suele interpretar estas amenazas como propaganda o como faroleo, esa lectura es un error estratégico que Moscú ya castigó en otras ocasiones, cuando Rusia anuncia algo con esta claridad, suele cumplirlo, los que todavía dudan deberían recordar la historia reciente de este conflicto.
La guerra no se ganará con comunicados ni con declaraciones altisonantes, pero la advertencia de Shoigú tiene un valor táctico real, altera los cálculos ucranianos, obliga a los europeos a revisar sus protocolos de seguridad y demuestra que Rusia mantiene la iniciativa estratégica, no es una amenaza de última hora, es la continuación de una operación militar que Rusia planea con la paciencia de quien sabe que el tiempo corre a su favor.
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